…El libro del mar robado…

 

RAMIRO RAMÍREZ SIMONS / LA COORDINADORA

Las generaciones que vivieron bajo las dictaduras militares tuvieron en Eduardo Galeano un referente intelectual cargado de rebeldía y esperanza. Su visión anticolonialista, antiimperialista, su cuestionamiento sincero al dogmatismo de ciertas izquierdas, su denuncia y condena a los crímenes de lesa humanidad, su rechazo a la guerra y en general a la cultura de la muerte, su canto a la vida y al amor, su pasión por el fútbol, entre otras cosas, hicieron del escritor y periodista uruguayo un ícono de la integridad y la dignidad latinoamericanas.

 
La obra de Galeano se asemeja a un gran abanico de colores. Una propuesta diversa y exquisita que desgrana optimismo, que llama a caminar en comunidad, a marchar junto al pueblo sufrido y humillado. Es, finalmente, un grito de rebelión que por décadas alimentó la resistencia de los movimientos de izquierda de América Latina en la clandestinidad, se hizo manifiesto de denuncia y movilización permanentes.

Es que América Latina fue siempre un escenario de confrontaciones radicales entre ricos y pobres. El dilema histórico fue: sumisión o liberación; imperio o patria. Desde que los indios de esta parte del planeta fueron salvajemente diezmados por la invasión española, portuguesa e inglesa (sucesivamente), sus riquezas saqueadas al límite y sus tierras usurpadas y repartidas, el ideario de los patriotas revolucionarios del continente tuvo un horizonte claro: luchar por la independencia de nuestros pueblos al lado de los obreros y campesinos. 

América Latina también fue un laboratorio de ensayos permanentes, de construcción de sueños liberadores, de acciones heroicas, movimientos sociales en armas, de amores desgarrados y abrazos eternos. 

A lo largo de su historia, el continente dio muestras de su vocación libertaria, de su decidida marcha hacia una sociedad de iguales, con respeto y dignidad: hacia el redescubrimiento (o recuperación) de su riqueza perdida en las entrañas de la tierra, de los valores de los hombres simples. Latinoamérica nos llama a reconocernos en las casas del barrio, en cada calle, en cada paso. Nos convoca a identificarnos en una sonrisa o en una mirada de hermanos. 

En esa realidad abigarrada anda suelta el alma de Galeano. Atrapa a los hombres de dorso desnudo y pies descalzos. Ahí está, en esa manía extraordinaria de escribir (de describir) la vida, de darle el sentido perfecto a las palabras, de llenar el aire con versos simples, de tomar un libro para andar por el mundo y leer la historia de los pueblos milenarios.  

La obra del escritor cobra vida propia y alimenta imaginarios colectivos que superan el límite de la formalidad del texto y se alzan como wiphalas para reafirmar no sólo la soberanía de nuestros territorios, sino, y fundamentalmente, nuestra memoria.

Por todo aquello que se refleja de modo fehaciente en la obra magnífica de Galeano es que, el 14 de abril de 2015 ?un día después de la muerte del escritor?, su compatriota Pepe Mujica lo describirá como ?un elegido que a lo largo de los últimos 40 años nos dignificó en América Latina?. 

El entonces senador uruguayo dijo mucho más del ?historiador poeta o poeta de la historia?. 

?Galeano supo sumar a todos sus trabajos un esfuerzo minucioso desenterrando hasta leyendas aborígenes y fue descubriendo una especie de pasado telúrico y hasta pintó cosmologías culturales de pueblos ancestrales que están en el corazón de la historia de América?, dijo Mujica para expresar su tristeza por la partida irreparable. 

Galeano fue ?un formidable autodidacta cultural, insaciable por su sed de conocimiento y su búsqueda permanente de la belleza, cosa que hizo por donde anduvo en la vida. Hasta en su visión futbolera no podría abandonar ese amor por la belleza?, remarcó el líder izquierdista.
En medio del torrente de sentimientos y percepciones encontradas, para Galeano Bolivia era algo así como ola incontenible del mar, un país lleno de historias, de luchas, de muestras magníficas de dignidad.

Las venas abiertas de América Latina ha servido para comprender la historia del saqueo y la intromisión extranjera sobre nuestros pueblos, para acuñar la lucha por la liberación nacional. Se convirtió en el manifiesto de los pueblos para denunciar a las potencias extranjeras por el despiadado régimen de explotación y despojo del que Bolivia no estuvo excluida. 

Al respecto, son memorables las últimas declaraciones de Galeano sobre la demanda marítima boliviana, cuyos argumentos se resumen, de manera certera, en El libro del mar. El 26 febrero de 2015, a casi dos meses de su desaparición y después de una entrevista con el presidente Evo Morales, el escritor rebautizó el texto histórico y sugirió que debió titularse ?El libro del mar robado?. 

¡Cuánto acierto, cuánta verdad!

FIDEL

Eduardo Galeano

Sus enemigos dicen que fue rey sin corona y que confundía la unidad con la unanimidad.

Y en eso sus enemigos tienen razón.

Sus enemigos dicen que si Napoleón hubiera tenido un diario como el Granma, ningún francés se habría enterado del desastre de Waterloo.

Y en eso sus enemigos tienen razón.

Sus enemigos dicen que ejerció el poder hablando mucho y escuchando poco, porque estaba más acostumbrado a los ecos que a las voces.

Y en eso sus enemigos tienen razón.

Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión, que enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, que sobrevivió a 637 atentados, que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria, y que no fue por hechizo de Mandinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a 10 presidentes de los Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.

Y sus enemigos no dicen que Cuba es un raro país que no compite en la copa mundial del felpudo.

Y no dicen que esta revolución, crecida en el castigo, es lo que pudo ser y no lo que quiso ser. Ni dicen en gran medida el muro entre el deseo y la realidad fue haciéndose más alto y más ancho gracias al bloqueo imperial, que ahogó el desarrollo de una democracia a la cubana, obligó a la militarización de la sociedad y otorgó a la burocracia, que para cada solución tiene un problema, las coartadas que necesita para justificarse y perpetuarse.

Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta isla sufrida pero porfiadamente alegre ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta.

Y sus enemigos no dicen que esa hazaña fue obra del sacrificio de su pueblo, pero también fue obra de la tozuda voluntad y el anticuado sentido del honor de este caballero que siempre se batió por los perdedores, como aquel famoso colega suyo de los campos de Castilla.

(Tomado del libro Espejos)
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *